Como seres sociales, nuestro bienestar depende en gran parte de la calidad de nuestras relaciones.
Las relaciones personales pueden ser complicadas y las hay de naturalezas muy diferentes. Pero nuestras relaciones siempre tienen una cosa en común, y es que nosotros formamos parte de ellas, y por tanto las creamos y les damos forma.
Tal vez en algún momento de nuestras vidas llegamos a la conclusión de que no estamos satisfechos con cómo nos relacionamos. Tal vez, tras años relacionándonos con el resto de una manera en particular, llegamos a la conclusión de que no queremos seguir cumpliendo determinado rol o papel que por algún motivo se repite en muchas de nuestras relaciones.
Profundizar en el entendimiento de nuestras emociones, aumentar la comprensión de lo que nos ocurre y favorecer y desarrollar nuestra capacidad para expresarnos, son pasos previos fundamentales para entablar relaciones más satisfactorias y saludables.
